domingo, 18 de agosto de 2013

Paisaje cultural y subjetividad


Tuve un profesor en mi segunda etapa universitaria que nos explicaba, dentro de su asignatura sobre medio natural y paisaje, que este último se puede estudiar con criterios objetivos, pero también subjetivos. Asimismo, nos comentaba que el paisaje es una construcción intelectual de cada uno, por lo que hay tantos paisajes como observadores.

El paisaje es la apreciación visual y psicológica que todo individuo realiza sobre un territorio. Y es que la forma de contemplarlo tiene mucho que ver con la formación cultural que cada uno de nosotros hemos recibido y con nuestras experiencias. De ahí que cada sujeto tenga su particular percepción mental del paisaje. En la contemplación e interpretación de nuestros variados paisajes hay tres elementos que intervienen: el terreno en sí, el hombre y su propia percepción. Este último elemento sería el más subjetivo de los tres.



Igualmente, recuerdo que comentaba que todo paisaje en donde el elemento principal fuese el agua o las montañas es siempre más valorado, puesto que implica riqueza y fecundidad. No sucede lo mismo con los paisajes industrializados que reciben una valoración negativa. Estamos realizando, de esta forma, una interpretación cultural.

Cualquier paisaje, pues, está provisto de una carga material, pero también simbólica, cultural e identitaria. Territorio, naturaleza, cultura e historia se integran en un todo, son elementos y conceptos íntimamente relacionados. Si se destruye ese paisaje material se destroza la identidad propia. Por tanto, el paisaje tangible, físico se relaciona con un paisaje cultural, con un legado histórico. En definitiva, estoy aludiendo al paisaje cultural como resultado de diversos cambios provocados, a su vez, por luchas y cambios sociales, formado por una diversidad de elementos y fenómenos  variados, constituyéndose cada paisaje con rasgos propios e individuales.

Escribe Patrick O`Flanagan en su obra titulada “Xeografía histórica de Galicia” que “Os modelos de paisaxe derivan de hábitos culturais complexos e da conciencia de grupo que marcan as tradicións:dito doutro modo, a organización e estruturación de calquera paisaxe cultural emana do xogo activo entre procesos económicos e culturais; e este xogo de forzas ten lugar sobre o taboleiro da paisaxe”. El paisaje cultural, tal y como afirma Patrick O`Flanagan, se convierte en una importante fuente de información.



El paisaje, con sus componentes naturales, visuales, estructurales y antrópicos, es un elemento que, de manera sugerente, estimula nuestras emociones. Aquí entra un elemento importante: el placer de percibir y que tiene que ver con las valoraciones, las actitudes, las preferencias y con la ideología de cada uno. Esa percepción que realizamos de nuestros paisajes dependerá de las experiencias particulares y del nivel social y cultural de cada uno de nosotros. Un paisaje no lo percibe de la misma forma una persona urbanita, un neorrural o un rural. Así, pues, los usuarios del paisaje son variados al igual que también lo son sus percepciones, diferenciando los argumentos de los que conciben el paisaje como un medio económico para subsistir de los que lo consideran como un escenario para el disfrute de ocio y con carácter lúdico. Además de tener un importante valor patrimonial, nuestros paisajes tienen un gran valor sentimental.


Pero hay quien dice que los paisajes tienen que tener una función concreta y que si no la tienen están condenados a desaparecer, por lo que se haría necesario, según algunos paisajistas y geógrafos, seleccionar e incentivar unos recursos paisajísticos y sacrificar otros.
Me alegra saber que, desde hace unos años, se concibe el paisaje como parte del patrimonio de un pueblo y de una cultura, como un importante bien natural. Todo paisaje ha sufrido transformaciones a lo largo de su historia. Es una lástima que no siempre se puedan recuperar las huellas de lo que fue ese paisaje en tiempos remotos, puesto que considero el paisaje como un elemento destacable para comprender el desarrollo histórico de un pueblo.


Formamos parte hoy en día de una civilización que, desgraciadamente, degrada el medio natural que nos rodea. El valor ecológico de ese medio natural, su valor económico, estético y ético son motivos que tenemos que tener en consideración a la hora de respetar y cuidar nuestros paisajes, nuestro medio natural que nos ofrece unos aspectos antropológicos y unas formas de vida de carácter único.
Entender los paisajes culturales, los asentamientos, su planteamiento y diseño es, pues, un trabajo subjetivo y arduo, ya que su valor siempre se vinculará a la interpretación del observador.




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