martes, 13 de marzo de 2012

Cedeira, tierra de mar (II)



La villa seductora
Cedeira es una localidad con un aspecto casi urbano, pero que no ha perdido ese carácter de villa marinera que imprime a todos y cada uno de sus especiales rincones. De hecho, esta población ha vivido, durante varios siglos, de las riquezas marítimas, a lo que se sumó en el XIX, alguna industria conservera y de salazón.

La población de Cedeira experimenta un aumento muy destacado durante los meses estivales, pues a ella llegan retornados y turistas que, como elemento dinamizador, pueden duplicar e incluso triplicar esa población local. Y es que sus parajes naturales, su gastronomía, su tipismo, sus actividades festivas, deportivas y náuticas atraen a miles de visitantes a una villa que puede presumir también de un casco viejo que hechiza y que conserva algunas viviendas de tipología marinera. Sus angostas calles, que invitan al paseo y a la contemplación, cobijan un característico conjunto arquitectónico tradicional de edificios con galerías acristaladas, magníficos balcones y finos trabajos de forja. Alguno de ellos conserva los escudos nobiliarios de las más destacadas familias que los habitaron.
El viejo puente, con sus tres arcos de piedra, vigila la transformación del río Condomiñas en la ría de Cedeira, al mismo tiempo que observa no sólo un sinnúmero de colores y luces sobre las tranquilas aguas, sino también los viejos reflejos de esos edificios dieciochescos. Pocos lugares habrá en los que se unan a la perfección, como en este rincón cedeirés de una belleza especial, la naturaleza con la arquitectura.

A este magnífico grupo homogéneo de viviendas hay que añadir su conjunto arquitectónico religioso que se reparte por la villa y por las cercanas áreas rurales, como la iglesia de Santa María de Régoa o la de Santo Andrés de Teixido -verdadero centro religioso y etnográfico- o la solitaria capilla de Santo Antón de Corveiro -levantada por la devoción marinera-, con el cruceiro de “O Cristo da Ponte” como única compañía. Se trata de un hermoso entorno que se ubica camino hacia Punta Candieira, un mirador atlántico desde donde contemplar la grandiosidad del océano y la navegación de los barcos que buscan el descanso en la ría, lugar en donde, además, se levanta el faro de Candieira. Hasta este maravilloso enclave se puede llegar tomando una serpenteante carretera que parte del centro mismo de la localidad cedeiresa.

Ya en la parte alta de la villa, destaca la iglesia de Santa María del Mar que, a pesar de haber sido sometida a importantes cambios y reformas que, por desgracia, no respetaron sus elementos antiguos, todavía conserva dos capillas de estilo gótico, la estatua yacente de Alonso de Piñeyro del siglo XV y una talla renacentista de la Virgen del Parto. Alguna que otra casa de Indianos de finales del siglo XIX, erigida con las ganancias de los emigrantes en Cuba -que también edificaron escuelas por las parroquias rurales- forman parte, así mismo, de este paisanaje cedeirés.

Quien conozca la comarca de Ferrolterra, sabe que uno de sus atractivos es la arquitectura militar moderna. Cedeira conserva manifestaciones de esa tipología constructiva no sólo en los escasos restos de su antigua muralla con cuatro puertas que rodeaba el primitivo núcleo medieval de la villa sino también en las ruinas de la “batería do Sarridal” y, por supuesto, en los de su fortín costero: el castillo de la Concepción, al término del puerto, próximo al castro de punta Sarridal. Se trata de una fortaleza levantada en el siglo XVIII para frenar la visita de corsarios indeseables y de las incursiones marítimas de ingleses y franceses por estas costas. Tengo entendido que el detonante que inició la construcción de este fuerte fue la llegada de una fragata inglesa persiguiendo a otro barco francés que se había refugiado en el puerto cedeirés. Así que ante el miedo que produjo a la población la llegada de navíos foráneos, con no muy buenas intenciones, y considerando que la batería que existía en Sarridal no era suficiente para la defensa de la ría, los habitantes de Cedeira decidieron emprender la construcción de esta fortificación que llegó a tener foso y cuarenta y cinco cañones, repartidos por sus tres frentes, preparados para disparar. Desde este mirador privilegiado se puede contemplar la entrada de la ría y las playas que la circundan; en definitiva, otra de las muchas magníficas vistas que esta población costera nos regala.
Pero como ha sucedido con otras fortalezas repartidas por la geografía gallega y española, durante mucho tiempo, este fortín, de planta irregular adaptada al terreno y con almenas que completan sus fuertes murallas, estuvo relegado al ostracismo, al igual que el conjunto de sus cañones, unas piezas de artillería que, hoy en día, vuelven a apuntar a la ría. Sus terrenos fueron utilizados como zona de pastoreo y para usos agrícolas; y sus piedras, posiblemente, formen parte de muros y paredes de alguna que otra vivienda. Pero, por suerte, hace unos años se puso en marcha el proyecto para consolidar y limpiar estas ruinas y sus alrededores. Durante ese proceso de acondicionamiento se descubrieron restos arqueológicos de cerámica, de metal, de piedra y algún que otro hueso.
Hoy en día acogen el Centro de Interpretación Histórica de la Villa de Cedeira.

Para los amantes del caminar tranquilo, Cedeira, declarado en 1954 Municipio de Interés Turístico Nacional, posee un buen número de calles, callejuelas, jardines y plazoletas que recorrer. Precisamente un largo y bien cuidado paseo marítimo con balaustrada y espléndidos magnolios nos conduce hasta la lonja y el muelle en donde descargan suculentas riquezas que nos regala este mar cedeirés: desde el apreciado percebe de sus acantilados, hasta los moluscos bivalvos de su ría. Allí, sobre un peñasco, llamado Pericoto, se erige la escultura dedicada a la mujer marinera. Este abrigoso e imprescindible puerto, con faro incluido y en donde los oriundos esperan el regreso de los navíos de bajura con las codiciadas capturas, parece una colorista composición pictórica.

Pero esta villa marinera también desprende leyenda. Y es que en Cedeira habita una pequeña parte de la historia de la “materia de Bretaña”. Aquí se mezcla lo ficticio con datos localizados en antiguos manuscritos, como los de un documento del siglo XVI, perteneciente al Conde de Lemos, y que hace mención al linaje de los Lago -destacados hidalgos del Reino de Galicia y que tienen posesiones precisamente en Cedeira-. Según ese manuscrito, descienden de Sir Lanzarote de Lago, miembro de la Tabla Redonda que, procedente de Bretaña, parece que llegó al puerto de Cedeira huyendo del amor de Ginebra.

No quisiera terminar esta parte del reportaje sin mencionar el “Lugnasad”, considerada una de las celebraciones más destacadas de la antigua cultura celta que tenía lugar en el mes de agosto. Cedeira ha decidido, también, tener su propio Lugnasad, una fiesta de muy reciente recuperación en la que varias parejas contraen matrimonio por el rito celta, con el compromiso de pasar juntos la época invernal, pudiendo, además, renovar ese compromiso en el siguiente Lugnasad.

Pero la visita a esta coqueta y legendaria villa no sólo conlleva un recorrido por su casco viejo marinero, de recuerdos medievales y rememoraciones celtas. La realización de itinerarios por las cercanías de Cedeira, muy especialmente por los miradores de la Serra da Capelada desde donde es posible, además, contemplar el ganado en libertad, deberá ser una imposición para todo viajero. Y, por supuesto, obligatoria, también, es la visita al santuario más emblemático de Galicia, después de la catedral compostelana, claro está: San Andrés de Teixido.

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