lunes, 6 de febrero de 2012

Milladoiro, el sonido de un pueblo y de una cultura única


Escuché, por primera vez, a Milladoiro en mi etapa adolescente, durante las clases de la asignatura de Música de mi primer año de Bachillerato, en el colegio religioso en donde estudiaba, impartidas, precisamente, por una docente religiosa. El grupo ya había sacado al mercado sus dos primeros discos, tras unos trascendentales momentos de cambio político, socioeconómico y cultural que se habían vivido en España. Aquel día, en lugar de escuchar las composiciones de música clásica, a las que tanto yo como mis compañeras estábamos acostumbradas, le tocaba el turno a una incipiente música folk que empezaba a surgir tímidamente en diversas comunidades españolas, además de alguna que otra obra de los cantautores del momento. Entre canciones de Aute, entre las adaptaciones musicales interpretadas por Amancio Prado sobre poemas de Rosalía de Castro, entre los sones de una recuperada música vasca, entre el desafío al olvido y a la negación de una conciencia y de un Pueblo que otro gran grupo emblemático gallego, “Fuxan os Ventos”, expresaba con su preciosa “Sementeira,” y con otras composiciones musicales memorables, allí estaban ellos, los “milladoiros”, allí estaba su inconfundible presencia sonora, su fuerza poética musical llena de emociones, de tradición y de modernidad. No recuerdo qué obras de este mítico grupo gallego escuché en aquella ocasión, ni siquiera a cuál de sus dos primeros trabajos pertenecían, si a su primer disco, “A Galicia de Maeloc”, o a su segundo proyecto, “O berro seco”. Pero aquellas viejas armonías identitarias, aquellas renovadas piezas tradicionales reinterpretadas y modernizadas sobre su esencia legendaria, aquella combinación de vibrantes sonidos melodiosos quedaron grabados para siempre en mi memoria.

Con el transcurrir del tiempo, mis gustos musicales optaron por el pop y el rock, al igual que los de la inmensa mayoría de los adolescentes de entonces. Pero Milladoiro seguía ahí, latente, escondido por algún rincón de mi subconsciente. Cuando años más tarde, tuve la oportunidad de disfrutar de la película “La mitad del cielo”, conducida por uno de los mejores directores del cine español, Manuel Gutiérrez Aragón, y protagonizada por dos grandes actores, Ángela Molina y Fernando Fernán Gómez, allí volvían a estar ellos, los “milladoiros”, perfectamente reconocibles, interpretando su banda sonora, por la que recibieron, además, un Goya, concedido por la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de España. Sus inconfundibles melodías llenaban de magia la pantalla y la sala de cine. Unos diez años más tarde y, de nuevo, ante otra película del mismo director, “El rey del río”, volvía a surgir la inequívoca presencia musical de Milladoiro y su mágico y elegante lirismo.

En cuanto mis posibilidades económicas me lo permitieron (hasta entonces los LPs y cintas musicales que entraron en mi casa fueron escasísimos), sin dudarlo, fui adquiriendo todo álbum de Milladoiro (ya en formato de CDs) que veía a la venta en tiendas o en centros comerciales. Y ahí están, de nuevo, esta vez para quedarse, permanentemente, en mi vida, llenando, con su gran música y con sus creaciones universales, un pequeño hueco de una estantería de mi casa, compartiendo protagonismo y espacio con otras grandes formaciones, cantantes e intérpretes del panorama musical gallego. Y es que Milladoiro ha abierto la senda por la que, hoy en día, caminan Luar na Lubre y Leilía (grupos por quienes siento una honda predilección y una verdadera devoción), Berrogüeto, Xosé Manuel Budiño, Mercedes Peón, Carlos Núñez, Susana Seivane, Cristina Pato, Guadi Galego y Uxía Pedreira -que, junto con Abe Rábade, han llevado a término un atractivo proyecto musical, “Nordestinas”-, Uxía Senlle, Na Lúa, A Roda…. y tantos y tantos otros grupos y solistas musicales, estudiosos e investigadores anónimos del folklore gallego que, con sus trabajos, su pasión y esfuerzo, han conseguido poner en valor, recuperar y recrear la identidad musical de una Tierra milenaria, llevándola, por el mundo adelante, con dignidad y orgullo, como así ha hecho Milladoiro a lo largo de sus más de treinta años de existencia.

Milladoiro ha conseguido que ese tesoro musical de cantos populares y viejas melodías como las muiñeiras, las jotas, los alalás, los pasodobles, las polcas, los “pasacorredoiras”, las marchas procesionales y demás ritmos de nuestros ancestros, cantados e interpretados en nuestras aldeas, a lo largo de las labores estacionales del campo, durante los “seráns”, las fiestas, y las romerías, se escuchen, se aplaudan, se respeten y se alaben en los mejores teatros y auditorios de Norteamérica, Sudamérica, Europa, del mismísimo Japón… Ha logrado que nuestros genuinos instrumentos tradicionales -como la zanfoña, el “pandeiro”, la pandereta, la gaita,…- se conozcan y se dignifiquen, al igual que los sonidos que desprenden, en una armoniosa combinación con las notas que emiten instrumentos clásicos universales como el violín, el arpa, la guitarra, el bouzouki, la flauta, el clarinete… Ha conseguido, en definitiva, que gocemos, bailemos y nos emocionemos con todas y cada una de sus piezas musicales, muchas de ellas de honda raigambre popular -que forman parte de nuestro respetable patrimonio musical- y a las que, tan sabiamente, han logrado aplicar matices vanguardistas. A estas olvidadas obras musicales, Milladoiro fue añadiendo otras magníficas composiciones y hermosas melodías creadas por sus integrantes con enorme acierto.

Milladoiro nació de la fusión de “Faíscas do Xiabre” y de “Seaone & Romaní”. Con la formación inicial, constituida por siete integrantes - Antón Seoane, Rodrigo Romaní, Nando Casal, Ramón García, Pepe Ferreirós, Xosé A. Méndez y Laura Quintillán-, dieron sus primeros conciertos en el año 1979. Muy pronto editaron su primer disco y, muy pronto también, empezaron a compartir escenario con los mejores artistas de música folk del mundo.
Aunque a lo largo de estos más de treinta años, algunos de sus miembros han abandonado el grupo (recuerdo, muy especialmente, la salida de uno de sus fundadores, Rodrigo Romaní, en el año 2000, aproximadamente), nuevos y jóvenes talentos musicales se han unido a la indiscutible maestría de los restantes veteranos del grupo –el extraordinario arpista Roi Casal, el magnífico violinista Harry C. (que toma el relevo de Michel Canada que, a su vez, se lo había cedido Laura Quintillán) y el estupendo guitarrista Manu Conde.

Si no me equivoco, son 19 sus discos publicados, además de ser los creadores de diversas bandas sonoras para la televisión y el cine y de otras composiciones musicales destinadas a proyectos o espectáculos concretos, además de colaboraciones con figuras prestigiosas del panorama musical internacional. En cada uno de sus trabajos, estos auténticos artesanos de nuestra música han emprendido un viaje hacia el universo creativo de aquellos músicos y compositores tradicionales anónimos, pertenecientes a unas generaciones que se pierden en el tiempo, y que nos han legado una auténtica riqueza musical. Es la memoria viva y recuperada de aquellos nuestros antepasados, gracias al discurso artístico que Milladoiro ha plasmado en todos y cada uno de sus proyectos, con dedicación y esfuerzo: desde su primer trabajo, “A Galicia de Maeloc”, en el que marcará su estilo, hasta su último proyecto, “A Quinta das Lágrimas”, una verdadera joya musical, rebosante de sonoridad lírica y que, con textos, cantigas y poemas de Pessoa, de Camoes, de Zeca Afonso, de Alfonso X, Airas Nunes, de Cunqueiro, de Manuel Antonio, de José Afonso y las colaboraciones de Laura Amado o de Mafalda Arnauth, recrean la relación secular entre Galicia y Portugal. Cada uno de sus trabajos equivale a cada una de esas piedras que van conformando un gran Milladoiro, empezado a construir hace treinta años. Sólo me cabe esperar que ese Milladoiro siga aumentando y transmitiéndonos su sensibilidad musical durante, al menos, otros treinta años más, o ¿es mucho pedir…..?

2 comentarios:

  1. Haces un estupendo recorrido, aparte de documentado, emocionalmente escrito.
    Mi enhorabuena.

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  2. Muchas gracias por tus palabras, pues siempre animan a continuar con este humilde proyecto; aunque la falta de tiempo es mi gran obstáculo.
    Un saludo
    Belén Franco

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