sábado, 14 de julio de 2012

Vadoviño, un mar de sensaciones (I)

Después de varios días sin actividad en Cultura y Paisaje, retomo mis tareas en este blog con la intención de dar a conocer un pequeño rincón del noroeste peninsular: Valdoviño. Os dejo aquí la primera parte del reportaje sobre este atractivo municipio del litoral gallego.


El territorio valdoviñés aparece marcado, casi todo, por la fuerte presencia del inmenso océano. Pero esta atmósfera paisajística no sólo es costa, montes litorales, mar indómito y acantilados, salientes y ensenadas, sino que también es una inmensidad sonora y rítmica en el soplar del viento y en el rumor de las aguas; una variedad de olores a tierra, salitre y mar y un mosaico de colores y de luz que cambia a lo largo del día y de las estaciones. Todos estos elementos conforman un auténtico paisaje atlántico.

Un Patrimonio cultural.
El municipio de Valdoviño, situado al norte de Galicia y al noroeste de la provincia de A Coruña, ocupa la franja costera entre Cabo Prior y Punta Candieira, formando parte del denominado Golfo Ártabro. Constituye parte de la actual área de influencia de la comarca de Ferrolterra.

En esta costa, con diversidad de matizaciones, unas veces suaves y otras bravas, la geografía adquiere dinamismo gracias a esa compenetración del mar y de la tierra que parece que se buscan y se rechazan. Diversidad de formas y paisajes llenos de expresividad, tanto interiores como costeros, caracterizan el relieve de este municipio, formando una combinación de lo agreste y lo suave.


 Según Carré Aldao, el nombre de Valdoviño proviene de “Val do Viño”; haciendo referencia a la abundancia de vino que hubo en este territorio antes de la llegada de la plaga de la vid. Sin embargo, hay quien cuestiona esta etimología y, posiblemente, el nombre proceda del arroyo que baña la antigua capital: Aviño. Nace así el topónimo “val do Aviño” que deriva en Valdoviño.

 Al igual que en el resto del territorio gallego, la unidad vital de este municipio es la parroquia que, a su vez, se articula en aldea o lugar, formando un mosaico de pequeñas células de población dispersas por su geografía. Son lugares y parroquias cuya toponimia, además, nos determina y explica el paisaje. Tenemos pues, en Valdoviño, nombres de lugares geográficos que aluden al emplazamiento, a la localización o al relieve: Outeiro, Pena, Montefaro, Veiga, Penido, Campo…; a la presencia del agua en el paisaje: Lago, Regueiro…; a la litología: Barreiro, Pedreira, Lousada, Seixidal…; o a la vegetación: Pereira, Uceira, Teixoeira, Freixo….


Desde un punto de vista histórico, la diseminación de su hábitat, probablemente, haya sido un hecho inicial y muy remoto en el tiempo. La existencia de varios castros, dispersos por todo el territorio y que forman parte de un conjunto conocido como Terra de Trasancos, atestiguan esta hipótesis, evidenciando la importancia de esos primitivos asentamientos. No debemos, pues, subestimar la influencia del legado de la cultura castreña y precelta en el paisaje cultural del municipio, aunque, por desgracia, la mayoría de esos restos arqueológicos, junto con las mámoas que, de una forma lineal, jalonan el camino hacia San Andrés de Teixido, han sido víctimas del pillaje y del abandono. Considerando que el Cristianismo primitivo se estableció, en el mundo rural, sobre entidades poblacionales ya existentes, hay que reconocer, en el caso que nos ocupa, la relación entre los castros y las instituciones parroquiales.
Todos esos restos, junto con escasos hallazgos romanos –los romanos llegaron a estas tierras litorales atraídos por los yacimientos mineros-, son los indicios que demuestran la existencia de poblamientos  antiguos. Incluso se señala la posibilidad de que la ciudad romana de Adobrica se ubicase en Valdoviño.

Durante la época medieval, el desarrollo de este territorio parece que fue potenciado por la implantación de pesquerías -dirigidas por nobles locales- y por el establecimiento de factorías de salazón y de conservas de pescado.

También el aspecto religioso tuvo un papel importante en esta evolución con el impulso que se le dio a la ruta hacia San Andrés de Teixido -y que hoy en día se trabaja en su recuperación- que conllevaba una infraestructura de atención a los peregrinos y un desarrollo del comercio. "El municipio de Valdoviño está en los antiguos caminos que bordeaban una costa incesantemente batida por las olas, formada por ensenadas alternantes con acantilados, en otro tiempo senderos que conducían hacia el venerado santuario de San Andrés de Teixido, uno de los grandes centros de peregrinación popular en Galicia" (Felipe-Senén López Gómez, "Rías Altas, de Ferrolterra a Estaca de Bares”).

Pero en el municipio apenas quedan construcciones de época medieval. El único vestigio constatable de la Edad Media es A Ponte de Porto do Cabo, en la parroquia de Vilarrube, que forma parte de un pequeño y pintoresco núcleo rural constituido no sólo por este puente -construido en cachotería, con dos arcos de medio punto, y que todavía conserva la calzada empedrada-, sino también por la denominada “A Casa da Bastona”, antigua hospedería del siglo XVI, que daba alojamiento a los romeros que se dirigían hacia San Andrés; y por molinos fluviales que se sitúan a la orilla del río Mestas. El puente era paso obligado en el Camino Real de Ferrol a Cedeira y, además, une el municipio de Valdoviño con su vecino cedeirés.


El lugar de Porto do Cabo fue y es un punto decisivo en la ruta que realizan los peregrinos hacia San Andrés. Era el lugar de encuentro de romeros que venían no sólo de las cuatro provincias gallegas, sino que también coincidían con los procedentes de Castilla y de Portugal. Al pie del mismo puente, y hasta no hace muchos años, unas mujeres llamadas “caldupeiras” preparaban un reconstituyente caldo que, en grandes tazas, servían caliente a los peregrinos.
                                             “Indo para Santo Andrés
                                              Aló no Porto do Cabo,
                                             Díxome unha caldupeira:
                                         -¡Romeiriño! ¿Queres caldo?
                                         -Non, señora; que me escaldo…
                                         -¡Romeiriño! ¿Queres viño?
                                         -Si, señora; un papadiño…”
La mayoría de los edificios religiosos de Valdoviño hacen su aparición a partir del siglo XVIII, aunque su construcción esté asociada, posiblemente, a otros más antiguos de los que no han quedado vestigios. Tienen escaso mérito artístico. Pero entre todos ellos, quizá, destaque la iglesia parroquial de Santiago de Lago con una sencilla fachada barroca y con un bello retablo en su interior.


Hay que nombrar también pequeñas capillas que mantienen una relación bastante directa con el fervor hacia determinados santos como la ermita de “A Nosa Señora do Porto” o la singular “Capela da Fame”, conocida como “Capela de Liñeiro”, de finales del siglo XVI. Situada en el interior del municipio, era albergue y reposo espiritual de los peregrinos que se dirigían hacia San Andrés de Teixido, bajo la protección de los caballeros de la Orden de Malta. El origen de su peculiar nombre procede de que en sus alrededores, los romeros paraban para descansar y comer. Vale la pena intentar acceder a su interior y contemplar su precioso retablo renacentista, un programa iconográfico, con un carácter popular, hecho de granito policromado, en donde se quiere ver representada “a Fame” entre dos medallones con las efigies de Inés de Castro y de Fernando de Andrade.



Por otro lado, la arquitectura civil del municipio valdoviñés no es abundante, pero la poca que existe nos muestra la presencia de algunas familias de origen noble. Familias como la de Pita da Veiga, Pardo de Andrade o Ponce de León se vinculan con el Pazo da Riva; o los Piñeiro, condes de Naraío y los Maseda se relacionan con el Pazo de Vilarrube. Más adelante, les sucederían los Suevos y los Jove. También la Casa de Mosende -hoy casa de turismo rural- fue propiedad de la familia Pardo Bazán en el siglo XIX. A pesar de que estos pazos fueron restaurados total o parcialmente, todavía guardan algún testimonio de su pasado señorial como los escudos relacionados con las familias que los fundaron, o un reloj de sol y las armas de los Ponce de León que recuerdan el pasado señorial del Pazo da Riva.




Algunas de estas casas aparecen rodeadas de fuertes muros cuya misión era protegerlas del bandolerismo decimonónico.
Hay que destacar, igualmente, la existencia de una vivienda, de grandes dimensiones, del primer tercio del siglo XX, de estilo indiano, denominada "Casa de Joselito", como manifestación de una emigración a América.


Pero el municipio de Valdoviño también es poseedor de un patrimonio efímero, de unas manifestaciones que tienen que ver con las fiestas religiosas: la del Corpus, la “Romería da Virxe do Porto”, cuya imagen se guarda en la capilla del mismo nombre, situada en lo alto de un islote, y a la que sólo se puede acceder durante la bajamar; con actividades agrícolas, como la fiesta de representación de la malla que se realiza con el objetivo de recuperar esta antigua tradición; con espectáculos pintorescos, como el descenso de carrilanas y que, desde el año 1996, está experimentando un proceso de revitalización.


Asimismo, destaca su principal acontecimiento deportivo, con carácter internacional: el célebre “Pantín Classic” que tiene lugar, desde hace más de veinte años, en el mes de septiembre en la playa de Pantín. Se trata de pruebas de surf, puntuables para los campeonatos europeos de este deporte, y que acoge a surfistas de diversos países. Y es que el municipio valdoviñés puede presumir de poseer las mejores playas para subirse en la cresta de la ola. Continuará....




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