jueves, 28 de junio de 2012

El parque arqueológico de arte rupestre de Campo Lameiro

El paisaje granítico de muchos de nuestros montes gallegos está salpicado por rocas en las que aparecen grabadas figuras humanas, geométricas y de animales. Algunas de ellas representan símbolos con un carácter bastante enigmático, misterioso y difícil, aún, de precisar. Los autores de estos milenarios relieves fueron grupos humanos que, posiblemente, se establecían, temporalmente, por este rincón del noroeste peninsular.

La frecuente aparición de este arte rupestre ha convertido a Galicia en uno de los focos europeos más importantes de representación de petroglifos. Uno de los conjuntos más destacados de la comunidad gallega es el Parque Arqueológico de Campo Lameiro en la provincia de Pontevedra.

Los petroglifos.
Hace miles de años, aquellas pretéritas comunidades humanas nos legaron una cantidad muy considerable de misteriosas figuras, dentro de un catálogo temático más bien escaso, aunque no por ello irrelevante. Son relieves, muchos de ellos, de significado indescifrable, grabados, la mayoría, en rocas graníticas dispersas por el territorio gallego. Concretamente, en Campo Lameiro, conocido como la capital gallega del arte rupestre, hay catalogados más de 400 petroglifos. Círculos concéntricos, laberintos, cazoletas, espirales, trisqueles, esvásticas, zig-zags, cuadrados… constituyen el repertorio figurativo labrado en el conjunto de Campo Lameiro. Según los investigadores, las imágenes esculpidas en esas piedras eran un medio de transmisión de conocimientos e incluso complementaban al lenguaje oral.


El Parque Arqueológico de Campo Lameiro.
Abierto en el verano del 2011, este centro cultural del arte rupestre se crea dentro del programa de la Consellería de Cultura e Turismo denominado “Rede Galega do Patrimonio Arqueolóxico”. Esta “Rede Galega do Patrimonio Arqueolóxico” surgió con la intención de poner en valor, divulgar y proteger la gran riqueza arqueológica gallega a través de la creación de cuatro áreas temáticas que tienen su propio parque en cada una de las cuatro provincias gallegas: el mundo romano le corresponde  a Lugo, el arte megalítico a A Coruña, la cultura castrexa a Ourense y el arte rupestre de los petroglifos a Pontevedra.


El Parque Arqueológico de Campo Lameiro representa, pues, una de esas cuatro etapas de nuestra historia arqueológica más representativa. Nace, principalmente, con un doble objetivo: el de sostenibilidad, para trabajar por la adecuada conservación del patrimonio artístico rupestre, su posterior conocimiento y goce de las futuras generaciones, y con un fin divulgativo y de conocimiento: ofrecer una visión del contexto histórico y cultural en el que surgió, así como disfrutar de una importantísima herencia patrimonial artística, paisajística y natural.

Fue a comienzos del siglo XX cuando se empezaron a divulgar los relevantes petroglifos de Campo Lameiro que constituyen, a día de hoy, un más que destacable conjunto de arte rupestre al aire libre.
En la década de los 80 del siglo pasado, se trabajó para dar un nuevo impulso a las labores de divulgación y de acondicionamiento de estos grabados. Ha sido ahora, en estos últimos años, cuando surge, por fortuna, una preocupación por la conservación, la revalorización, la difusión y la adecuada gestión de nuestro patrimonio artístico y cultural, cuando se genera el acertado proyecto de crear este parque.

Hace, aproximadamente, un año, el magnífico “Centro de Interpretación e Documentación da Arte Rupestre” abrió sus puertas al público. Considero que se trata de un espacio sugestivo, interactivo, lúdico y muy atractivo, un espacio cultural para conocer, relajadamente, y de una manera didáctica, la vida y el escenario de aquellos antiguos pobladores de hace 4000 años, para disfrutar de su elemental pero simbólico arte interpretativo, elaborado en una de las etapas más atractivas y enigmáticas de nuestra historia. El edificio, que alberga las salas de la exposición, zonas para el uso público y las dependencias destinadas a las tareas de documentación y de investigación, ha sido recubierto por piezas de granito, otorgándole a la construcción el aspecto de una gran roca.



El espacio de este ambicioso e interesante proyecto se sitúa en el municipio pontevedrés de Campo Lameiro, a unos veinte kilómetros de la ciudad de Pontevedra.

Tuve la ocasión de visitar sus instalaciones, así como los grabados rupestres que se distribuyen en la zona anexa al aire libre, a principios de diciembre del 2011. Debo reconocer que el Centro de Interpretación me encandiló. Sus autores han sabido compenetrar perfectamente la exposición que se desarrolla en su interior con el área arqueológica. Como bien dice el libro-guía que adquirí; “…a visita concíbese como un percorrido único que participa dun mesmo discurso explicativo…”.

El recorrido expositivo.
La exposición del interior del Centro de Interpretación discurre a lo largo de ocho sectores o espacios expositivos: el dedicado a ofrecer una visión general de esta manifestación artística para relacionarla con otros espacios arqueológicos importantes en Galicia; el que nos muestra, a través de paneles y murales, una gran variedad de figuras de temática naturalista y motivos geométricos que aparecen grabados en las rocas; el que nos introduce en los primeros momentos de investigación de estos grabados rupestres en Galicia. Precisamente, este sector está dedicado a aquellos investigadores e instituciones –como la “Sociedade Arqueolóxica de Pontevedra” que, allá por el siglo XIX y principios del XX, trabajaron en el estudio de los petroglifos gallegos. Entre aquellos investigadores, la exposición nos presenta a Ramón Sobrino Buhigas, figura relevante en el estudio de los petroglifos, mostrándonos, además, la reproducción de su estudio en donde podemos contemplar algunos de sus objetos personales de trabajo.



Otro sector expositivo es el que se dedica a divulgar, a través de fotografías, audiovisuales, muestras microscópicas y maquetas, el sistema de trabajo de los arqueólogos, el registro de los grabados y el análisis de los indicios y pruebas en los laboratorios.

Otra zona expositiva, la más atractiva para mí, es la que nos permite asomarnos a la vida diaria de aquellos antepasados, conocer sus labores agrícolas, las técnicas empleadas en la industria lítica, en la fundición del metal, en la fabricación de cestos o de recipientes cerámicos, así como percibir sus creencias. En este pequeño rincón, podemos observar diferentes herramientas y otros utensilios que usaban en sus faenas agrarias, la reproducción parcial de una cabaña y algo que atrajo mi atención, sobremanera: la recreación de un pequeño enterramiento megalítico individual, a modo de caja pétrea, realizado con losas de piedras horizontales y verticales sepultadas bajo tierra.


Un sector más nos ilustra en las técnicas empleadas para la realización de los grabados sobre las piedras, mostrando réplicas de los utensilios que usaban para este trabajo, como los percutores de cuarzo, así como fondos gráficos y un documental para entender todo el proceso.

Otro espacio del Centro de Interpretación nos invita a disfrutar de los petroglifos más complicados y arduos, a través de grandes fotografías, en los que se representan escenas de caza y animales, mientras nos acompaña un pequeño grupo de ciervos, reproducidos a tamaño natural, así como un fiero guerrero que, dotado de la indumentaria adecuada, nos observa tras una vitrina.


Seguidamente, un sensacional y fascinante audiovisual proyectado en tres pantallas y que, en verdad, garantizo que vale la pena pararse a verlo, nos traslada a aquellos tiempos ancestrales.


Por último, un sector más de esta exposición intenta mostrarnos la delicadeza y vulnerabilidad de estas joyas pétreas y transmitirnos la importancia de su respeto, de su cuidado y de su conservación.

El recorrido por un paisaje cultural.
Una vez finalizada mi visita al centro de interpretación, recuerdo que lo primero que reclamó mi atención, en cuanto accedí al área arqueológica en sí misma, fue la reproducción de un laberinto construido en acero, una escultura dimensional a escasos metros de la parte trasera del edificio. Este laberinto invita a penetrar en él y a recorrerlo; aunque la que escribe, después de introducirse entre sus láminas de acero, finalmente, desistió y decidió saltar una de sus paredes exteriores, con una altura perfectamente adecuada para salir de él en caso de que la desesperación o bien cierta claustrofobia empiecen a superar a cualquiera. Lo aconsejo como una actividad verdaderamente lúdica y atractiva.



El terreno visitable ocupa casi unas 22 hectáreas. En todo este espacio se han diseñado plataformas de madera desde donde contemplar, cómodamente, algunos de los relieves y que, además, llegan a actuar como un impedimento que evita acercarse demasiado a cada roca lo que ayuda a una eficaz protección de los grabados. Se han trazado senderos e itinerarios diversos por donde transitar; se han colocado carteles orientativos, además de atriles informativos junto a cada uno de los petroglifos; y se han efectuado, también, labores de control de las especies arbóreas allí existentes.



Un buen número de petroglifos se pueden observar en todo este fascinante complejo museístico y de interpretación al aire libre. El recorrido se ha diseñado sobre un itinerario principal del que parten otras pequeñas rutas que nos conducen a las diversas áreas y estaciones que componen este magnífico parque. Animales, laberintos, y demás motivos naturalistas y geométricos suelen ser fácilmente observables.

Existen varias estaciones que nos ofrecen estupendos relieves como la “Laxe dos Carballos”, en donde un ciervo herido por lanzas es la principal figura; la Laxe da Forneiriña, constituida por las siluetas de varios ciervos, figuras geométricas y cazoletas; el Outeiro dos Cogoludos donde se presentan, también, imágenes de animales, formas geométricas y escenas de monta; el Outeiro das Ventaniñas, con motivos circulares y geométricos; otra estación denominada, de nuevo, el Outeiro dos Cogoludos, también con escenas animadas, siendo una de ellas la de dos animales apareándose; la Fonte da Pena Furada; el Outeiro da Pena Furada; la Laxe dos Cabalos donde, entre otras figuras, se aprecia una escena de equitación.

La perfecta y adecuada contemplación de éstas y otras manifestaciones de este atractivo arte rupestre dependerá del momento del día en que se observen, puesto que la incidencia de la luz influirá en su correcta visibilidad. Incluso con una adecuada luz, algunos de los relieves son difícilmente identificables, ya que el paso del tiempo y los fenómenos meteorológicos los han erosionado. Hay que tener en cuenta que muchos petroglifos han sufrido la degradación producida por la intemperie, por los incendios, por los agentes biológicos e incluso, por desgracia, por acciones humanas devastadoras y vandálicas, por lo que  se han ido degradando hasta su casi imperceptible visión.


Desconocemos el significado que encierra este arte rupestre, este lenguaje visual pétreo cargado de simbolismo, de interrogantes, de enigmas; en definitiva, rebosante de gran cantidad de información complicada y que originó una diversidad de interpretaciones y de líneas de investigación. Pero precisamente todo este halo de misterio que lo envuelve, invita a su disfrute, a recorrer toda esta área arqueológica, abundante en petroglifos. Se trata de un magnífico universo para contemplar un arte que se integra perfectamente en un espacio natural conformando un paisaje rupestre de gran relevancia y belleza, de una zona para pasear y para disfrutar, al mismo tiempo, de ese paisaje en donde nació esta manifestación artística.



El poblado.
Y, por supuesto, la entrada al recinto que acoge la reproducción del pequeño poblado de la Edad de Bronce es parada obligada. Desde mi punto de vista, es  uno de los elementos más atractivos y evocadores de todo el trayecto por el parque y que, además, lo complementa adecuadamente, ayudándonos a conocer aspectos constructivos y funcionales de las viviendas de aquellos milenarios habitantes.

El poblado está delimitado por un vallado de madera realizado con elementos vegetales. El acceso al interior del recinto está totalmente permitido y también la entrada a cada una de las construcciones habitacionales que lo conforman. Son pequeñas viviendas de planta ovalada o circular con una cubierta cónica, realizada con retama, y las paredes con argamasa de barro y paja. Otros elementos que completan el poblado son los cabazos, los lares y un curro.





Un espacio mágico e interactivo.
La puesta en marcha de todo este complejo cultural ha logrado no sólo crear un espacio lleno de contenidos didácticos, fuera de entornos académicos, sino que ha conseguido, también, valorar la inmensa riqueza cultural y artística que este paraje ambiental  vivo ofrece y transmite a todo aquel que quiera contemplarlo. Se trata, pues, de un contexto interactivo enfocado hacia un turismo cultural, un universo especial y mágico que nos ayudará a sumergirnos en un tiempo pasado, retrocediendo, ni más ni menos, que 4000 años, para conocer un poco la vida de aquellos pobladores, autores de un arte enigmático, de viejos y silenciosos discursos narrativos con un código simbólico difícil de interpretar, y que lo hace más atractivo si cabe. Sería una lástima que las futuras generaciones desconocieran este fascinante e inescrutable arte rupestre, esta manifestación cultural tan unida al paisaje y  a una memoria colectiva que le da, posiblemente, toda su razón de ser y de existir.

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